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Bala perdida

  • Foto del escritor: Aitor Sáez López
    Aitor Sáez López
  • 3 mar 2021
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 9 mar 2021

El Alavés no ha mostrado apenas mejoría desde que Abelardo Fernández sustituyó a Pablo Machín



Como si de un cuento de hadas se tratara, el “Pitu” Abelardo volvió a casa por Año Nuevo. Y para más inri, si la Navidad ya de por sí es un período del año mágico, retornó a escasos días del centenario del club babazorro. La dinámica con Pablo Machín era mala y qué mejor que un emblema de la institución para representar al equipo en uno de los días D marcados en el calendario.

Tras cuatro derrotas consecutivas en La Liga, el Alavés prescindió de los servicios de Pablo Machín. Esta mala racha, situaba al "glorioso" en una situación que generaba alarma en las oficinas del Paseo de Cervantes, y acabaron con el crédito del preparador soriano. La llegada de Abelardo traía de la mano un juego pragmático y efectivo tal y como demostró en su primera etapa. Su idea, para nada revolucionaria, suponía un quebradero de cabeza para los rivales. Incapaces de hacer girar al Alavés, Abelardo sometía a los entrenadores rivales a un jaque mate en repetidas ocasiones.

Apenas dos meses después de su llegada, da la sensación de que el Alavés jugó una baza importante para despertar una reacción en su juego y el resultado ha sido negativo. Ha sumado 4 puntos de los 21 disputados, y en lo que a 2021 se refiere, copa la última posición de la tabla clasificatoria.

Dos años después, bien por la evolución del fútbol español o por la edad de sus jugadores, esta misma idea no carbura. Manu García y Tomas Pina, dueños y señores de la medular alavesista durante la primera etapa del gijonés, lo juegan todo. Con 34 y 33 años, respectivamente, es hora de ceder la antorcha.

Pero es que no sólo es eso. Una de las pocas certezas de las que disponía el “Pitu”, Luis Rioja, se ha visto relegada al ostracismo. Después de un primer año de dudas, el sevillano se encontraba pletórico. Sus arrancadas daban mucho oxígeno a un equipo que se encontraba en bloque bajo durante gran parte del partido y que veía la portería rival muy lejos. Ahora, con la llegada de Iñigo Córdoba, su papel es residual. El 17, cedido por el Athletic Club, ha llegado incluso a jugar de carrilero cuando Duarte ha causado baja en la convocatoria.


Juego muy pobre

Durante la semana pasada se respiraba un ambiente en la ciudad de partido clave, así lo proclamaban a los cuatro vientos tanto prensa como afición. Sumar tres puntos se catalogaba como un peaje hacía una posición más cómoda en la tabla. Una final, una final en la que disparamos a puerta por primera vez en el minuto 92.

Ese es un dato que contra un rival directo como es Osasuna, no te puedes permitir. El Deportivo Alavés especuló hasta que se vio por debajo en el marcador. Desde el minuto 80, fueron a remolque sin trenzar una sola jugada a ras de césped.


Todo es balón en largo, y cada vez es más latente la sensación de que no existe otra fórmula, de que el equipo no da para más. A falta de 13 jornadas aún por jugarse, el Deportivo Alavés es el peor equipo de la Primera División.


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